El Periódico Mediterráneo

Aurora Martínez, vocal de Castelló LGTBI

Juan (alias), en una sesión con su psicólogo, le contó: «Me violó otro hombre y descubrí lo invisibles que son las agresiones sexuales entre gais». Hay muy pocos homosexuales que denuncien por miedo a los prejuicios y las instituciones tampoco ayudan. Continuó diciendo: «Empecé en el 2018 con una agresión sexual. Un amigo me insistió para tener sexo, aunque yo no quería. Aun así, me puso contra la pared y me penetró, pese a haberle repetido explícitamente que parase. No usó preservativo. Fue una noche de viernes y me fui a casa, sin saber qué hacer. Pasaron muchas cosas por mi cabeza. En ese momento no consideré que fuera una violación. No acudí a la policía. No creí que tuviera que pasar por ningún reconocimiento forense porque no tenía intención de denunciar».

«Hay instituciones que son heterosexistas y no ayudan a las víctimas, sino que provocan una victimización secundaria. La mayoría no busca ayuda y cuando lo hacen la respuesta está desafortunadamente muy lejos de ser satisfactoria», dicen los especialistas en este terreno.

Los psicólogos explican que, en las víctimas homosexuales, en caso de querer denunciar, se suman otras barreras psicológicas. Por ejemplo, aún hay un estigma en hacer de pasivo en las relaciones por culpa del machismo social.

En medio de un proceso psicológicamente agresivo, la víctima tiene miedo a exponerse explicando haber desempeñado un papel sexual cargado de prejuicios. Es una realidad que no se visibiliza. Los profesionales de la medicina en un servicio de urgencias de un centro hospitalario declaran: «Si la estadística no refleja el problema, éste no existe».

Es hora de demostrar a los hombres gais violados que no están solos, y que el Estado se preocupa de su bienestar.