El Periódico Mediterráneo

Aurora Martínez, vocal de Castelló LGTBI

El colectivo LGTBI de nuestra provincia está llevando a cabo una serie de actividades informativas en centros de enseñanza en donde se da cuenta a los alumnos sobre la existencia de las diferentes orientaciones sexuales, la problemática que ello ha conllevado en el pasado y la forma en que se ha tratado de concienciar a una sociedad con muchos prejuicios y malentendidos, de forma gradual, sin prisas pero sin pausas.

Si partimos de la base que la sociedad española ha sido, como toda cultura meridional, de un conservadurismo extremo, aliñado con un tinte de temores religioso-sociales, comprenderemos lo mal que se lo pasaron nuestros antepasados, especialmente durante la dictadura franquista (1939-1975), en la cual se aplicaba la famosa ley de vagos y maleantes hasta 1970 y entonces entró en vigor la ley de peligrosidad social, derogada en 1982 con la entrada del PSOE en el poder, que dieron al traste con vidas de personas que se sentían y eran diferentes, y que, de forma cautelosa aunque no siempre sigilosa, se comportaban como tales. Hasta 1986, la homosexualidad fue delito en España.

Hoy en día y según el reputado Centro de Investigación Pew (PRC), la sociedad española es, a nivel mundial, la más abierta en aceptar la existencia del colectivo LGTBI, merecedor del mayor de los respetos como miembros de una sociedad, la española, que ha dejado de ser opresora para convertirse en conciliadora e integradora.

La ley 13/2005 marcó un antes y un después en nuestro país. Se establecieron una serie de normas de actuación para que éstos, nuestros conciudadanos, pudieran tener más apoyo de las administraciones públicas. Aparentemente, los tabúes pertenecen al pasado aunque siempre hay una minoría reticente.